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VIAJE EN SOL MAYOR Y UN KUCHEN DE YOGURT Y FRAMBUESAS

  • Foto del escritor: rebecasaavedrag
    rebecasaavedrag
  • 5 ago
  • 4 min de lectura

Hoy quiero hablarles de una receta y de una película que, en realidad, no es una película de ficción, sino un documental, son El Viaje en Sol Mayor y un kuchen de yogurt y frambuesas.


Llegué a ella de una manera inesperada. Hace unos días estaba ordenando mis discos duros cuando encontré un archivo que me habían regalado unos profesores durante un taller de cine documental que hice en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de Cuba.


El documental se llama V(Viaje en sol mayor), del director Giorgi Lazarevski. La película sigue el viaje que el director emprende junto a su abuelo Aimé, de 91 años, a Marruecos. Es un viaje que el abuelo había soñado durante décadas y que, por fin, puede realizar. Mientras tanto, la abuela permanece en casa, esperando. No diré mucho más porque merece ser descubierto sin demasiadas pistas.


Viaje en Sol Mayor

Lo que más me conmovió no fue únicamente la ternura de la relación entre el nieto y su abuelo, sino la manera en que la película habla de esos deseos que vamos dejando para más adelante porque creemos que todavía habrá tiempo.


Mientras veía el documental no podía evitar preguntarme qué relación tengo yo con mis propios deseos. Y pensé que quizás la pregunta era todavía más interesante para quienes han vivido mucho más que yo. Si entre quienes leen esto hay personas mayores, me encantaría saber cómo ha sido esa relación con sus sueños. ¿Se cumplieron? ¿Cambiaron con los años? ¿Descubrieron que algunos ya no importaban? ¿O todavía hay alguno esperando pacientemente su momento?


Justo anoche soñé con mi abuela. En mi sueño se la presentaba a mi hijo -ahora bebé-, que en el sueño era mayor, tenía como unos diez o doce años. Algo imposible, porque mi abuela falleció en 2017, a los 105 años.


Unos diez años antes de que falleciera, tuve la suerte de hacer con mi abuela un viaje mucho más pequeño, pero igual de importante. No recorrimos Marruecos; recorrimos su memoria. Le pregunté cómo había conocido a mi abuelo, cómo había sido su juventud, qué decisiones habían marcado su vida. Me regaló historias que hoy guardo como un tesoro y que, por desgracia, nunca grabé.



Y ustedes dirán: ¿qué tiene que ver todo esto con un kuchen de yogurt?


La verdad es que, aparentemente, nada.


Pero cuando empecé a aprender a hacer pasteles lo hice, en parte, por mi abuela, mucho antes de imaginar que algún día tendría una cafetería. Ella cocinaba dulces de maravilla. Tenía varias recetas inolvidables y, sobre todo, unos dulces de maní que aparecían cada Navidad o en los cumpleaños familiares dentro de una vieja caja metálica de galletas. Eran parte del ritual.


Todavía no he encontrado la receta escrita de su puño y letra. El día que aparezca prometo compartirla aquí.


Mientras tanto, les dejo una de las primeras recetas que realmente sentí que hice mía.


Durante mucho tiempo probé distintas versiones del relleno. Algunas llevaban gelatina, otras tenían demasiados ingredientes. Ninguna tenía el sabor que yo buscaba. Hasta que probando y probando, armé una receta sencilla, donde el yogurt, el limón y los frutos rojos podían hablar por sí solos.


La masa también cambió por completo cuando un pastelero me enseñó una proporción que nunca he vuelto a olvidar: la 3-2-1. Tres partes de harina, dos de mantequilla y una de azúcar glas. Después, dos yemas y una pizca de sal. Me enseñó a mezclar la mantequilla con la harina como si estuviera apretando arena húmeda entre las manos. Nunca se me olvidó.


Con el tiempo entendí que la cocina y la memoria funcionan de una manera muy parecida.


No siempre conseguimos reproducir exactamente un sabor. Tampoco podemos volver a vivir ciertos momentos. Pero seguimos intentándolo porque, durante unos segundos, sentimos que esas personas vuelven a sentarse en nuestra mesa.


El Viaje en Sol Mayor y un Kuchen de yogurt y frambuesas



Kuchen de yogurt y frambuesas

Masa Mürbe

  • 300 g de harina.

  • 200 g de mantequilla fría.

  • 100 g de azúcar glas.

  • 2 yemas de huevo.

  • 1 pizca de sal.


Mezcla la harina, el azúcar glas y la sal. Incorpora la mantequilla con las manos, deshaciéndola entre los dedos como si estuvieras apretando arena húmeda. Antes de que se mezcle completamente, añade las yemas y une la masa sin amasarla. Solo hay que juntar los ingredientes hasta formar un bloque.

Extiéndela sobre un molde enmantequillado o forrado con papel de horno y hornéala entre 5 y 10 minutos a 200 °C antes de añadir el relleno.



Relleno

  • 3 yogures naturales individuales (o 500 ml de yogur).

  • Algo más de media lata de leche condensada (o una lata entera si les gusta muy dulce).

  • El zumo de medio limón.

  • 150 g de frambuesas, arándanos, moras o una mezcla de frutos rojos.


Mezcla todos los ingredientes, vierte el relleno sobre la base precocida y hornea unos 30 minutos a 200 °C. Empieza a vigilarlo a partir de los 20 minutos.

Está listo cuando, al mover ligeramente el molde, el centro tiembla como una gelatina. No debe quedar completamente firme.

Déjalo enfriar y después llévalo al refrigerador. Frío está mucho más rico.


A veces hered

mos recetas; otras veces heredamos el deseo de no olvidar.


El director viaja con su abuelo. Yo, de vez en cuando, vuelvo a encontrarme con mi abuela en los sueños.


Queremos que las personas que amamos sigan acompañándonos.

2 comentarios

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Pal
06 ago

No te dije pero, la Mürbeteig es algo que Ute hacía para Adrián cada navidad, porque era ella la que le celebraba todo esto de hornear en esa época como tradición alemana. Toda su infancia, incluso cuando ya no vivía ni cerca. La guardábamos en el refrigerador cuando sobraba y seguíamos horneando galletitas de navidad hasta que se acababa. Se pintan y eso es entretenido para los ninhos. A mi no me gustan las especias, en general, pero en particular, menos las de navidad y, por lo tanto, son las únicas galletitas -Plätzchen- que como en esa época. Bueno, y unas que hace mi marido y que tienen todo lo que yo no como y no me gusta... y sin…

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rebecasaavedrag
rebecasaavedrag
06 ago
Contestando a

Te gustaría mucho ese documental. Podemos verlo cuando vuelvas. Es muy hermoso y entretenido. Dejé mis moldes de galletas en Chile... ojalá que para la siguiente Navidad los tenga. Te gustan las galletas con esencia de almendras? Tengo una receta muy deliciosa. Para las galletas de jengibre también, pero no me convence que no queden blanditas. Si tu marido sabe, que me enseñe. Con mi mamá éramos fans de las galletas de Navidad del supermercado, pero eran más crujientes que blandas.

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