BIUTIFUL, EL REPORTERO Y TORTILLA DE PATATAS
Hoy quiero hablarles de dos películas y una receta.
La receta será una tortilla de patatas.
Las películas: Biutiful, de Alejandro González Iñárritu, estrenada en 2010, y El reportero (Professione: reporter), de Michelangelo Antonioni, de 1975.
Dos películas muy distintas, separadas por treinta y cinco años, pero que terminaron encontrándose para mí en un mismo lugar: Barcelona.
Y, de alguna manera, también en una tortilla de patatas.

Biutiful cuenta la historia de Uxbal, interpretado por Javier Bardem, un hombre que vive en una Barcelona bastante alejada de la imagen turística de la ciudad. Es padre de dos niños, trabaja en negocios clandestinos y sobrevive en un mundo de inmigración, precariedad y pequeños delitos. Cuando le diagnostican un cáncer terminal, comienza a enfrentarse no solamente con su propia muerte, sino también con la pregunta de qué será de sus hijos cuando él ya no esté. Uxbal, además, tiene una sensibilidad particular hacia los muertos: puede percibir sus almas.
Vi Biutiful en el cine, cuando se estrenó en Chile, con mi mamá. Recuerdo que me pegó muy fuerte. Era bastante joven y hubo cosas de la película que me costó creer. No sabía que esas cosas pasaban en el primer mundo. La precariedad, la explotación, la inmigración clandestina, esa Barcelona escondida detrás de la ciudad que uno conoce desde las postales. Recuerdo haber empatizado muchísimo con Uxbal. Con su sensibilidad, con su manera de mirar el mundo y con esa mezcla tan extraña entre dureza y fragilidad.

Muchos años después, cuando llegué a Barcelona, a finales de 2018, decidí vivir en el Raval. Vivía en la calle Joaquín Costa.
Me parecía un barrio muy céntrico y me llamaban la atención sus calles, sus rincones un poco sucios, sus edificios y esa mezcla de cosas que lo hacían bastante particular. Había algo en el Raval que me atraía. Me gustaba caminar por ahí, moverme por sus calles y sentir que estaba viviendo realmente en Barcelona.
Y una de esas noches en las que veía películas —porque, especialmente en esa época, podía pasar horas viendo películas— apareció Biutiful.
Y de repente me di cuenta.
Esos eran los barrios que yo frecuentaba.
Los lugares donde vivía.
Las calles por las que caminaba.
La Barcelona que estaba viendo en la película era, sin que yo lo hubiera sabido cuando llegué, la misma Barcelona en la que estaba viviendo.
Por otra parte, cuando a los catorce años le dije a mi papá que quería ser directora de cine, decidió regalarme películas de cine de arte todas las semanas. Así fui descubriendo, entre otras cosas, a Antonioni.
En El reportero, Jack Nicholson interpreta a David Locke, un periodista que se encuentra en África realizando un reportaje y que, después de descubrir el cadáver de un hombre llamado Robertson, decide intercambiar su identidad con él. Lo que comienza como un intento de desaparecer y empezar de nuevo se convierte poco a poco en otra cosa: una huida que no consigue resolver aquello de lo que realmente intenta escapar. Porque no importa cuánto te muevas: tú vas contigo.

Antonioni rodó en localizaciones reales de Barcelona, entre ellas Las Ramblas, el Palau Güell y La Pedrera. Y muchos años después, esas calles también terminarían formando parte de mi vida.
Por el año 2020 tuve clases de montaje con Joan Marimon. Uno de los trabajos que nos hizo hacer consistía en analizar una película prácticamente plano por plano: construir una línea de tiempo, señalar cuándo aparecía música diegética y extradiegética, identificar las escenas, los puntos de giro, los tres actos, la estructura dramática… Era un trabajo muy minucioso y aprendí muchísimo.
Decidí hacerlo sobre El reportero.

Era plena pandemia y Barcelona estaba prácticamente vacía. Yo salía a caminar por esas mismas calles que había visto en la película.
Calles que Antonioni había filmado décadas antes, llenas de gente de otra época, de movimiento y de vida, ahora silenciosas, vacías y, en algunos momentos, incluso un poco tenebrosas.
Como estaba haciendo el trabajo de montaje, había visto la película con una atención casi enfermiza. Me fijaba en los lugares. ¿Qué había cambiado? ¿Qué seguía igual? ¿Qué quedaba de esa Barcelona?
Ese mismo año grabamos un cortometraje en analógico con una Krasnogorsk rusa por esos barrios y también un videoclip para un amigo percusionista de flamenco. Me parece un pequeño privilegio haber dejado algún registro de esos lugares.
Porque quién sabe cómo serán dentro de treinta años.
Debajo de mi casa había un bar llamado El Parra.

Si pasan por ahí, entren.
De verdad.
Vayan a comer o a tomarse una caña. Se los recomiendo muchísimo.
Tenían unas tortillas de patatas muy buenas.
Y las croquetas también eran espectaculares.
Biutiful, El reportero y tortilla de patatas con cebolla
Ingredientes
5–6 patatas pequeñas
1 cebolla mediana
3 huevos grandes
Aceite de oliva
Sal
Preparación
Corta las patatas en láminas finas, de unos 2–3 mm. Corta la cebolla en juliana fina.
Pon bastante aceite de oliva en una sartén, suficiente para cubrir bien las patatas, y caliéntalo a fuego medio. Añade las patatas, la cebolla y sal.
Cocina durante unos 20–25 minutos, removiendo de vez en cuando. No queremos patatas crujientes. Tienen que quedar muy tiernas, casi deshaciéndose, y la cebolla bien pochada y dulce.
Escurre bien las patatas y la cebolla. Guarda un poquito del aceite.
Bate los tres huevos con una pizca de sal. Añade las patatas y la cebolla y mezcla con cuidado. Déjalo reposar unos cinco minutos.
Pon una cucharadita del aceite reservado en una sartén antiadherente de unos 20 cm. Calienta a fuego medio.
Vierte la mezcla y cocina durante 2–3 minutos, moviendo ligeramente la sartén para evitar que se pegue.
Cuando los bordes estén cuajados pero el centro todavía esté algo líquido, coloca un plato encima y dale la vuelta de golpe.
Devuelve la tortilla a la sartén y cocina otros 1–2 minutos si la quieres jugosa, o 3–4 minutos si la prefieres más cuajada.
Déjala reposar un par de minutos antes de cortarla.
Y, sobre todo, fuego medio-bajo.
La tortilla no necesita adrenalina.
Biutiful, El reportero y tortilla de patatas con cebolla



Comentarios