LOS 7 DE CHICAGO, LAS MANIFESTACIONES Y LAS SOPAIPILLAS CON MOSTAZA
Hace poco vimos Los siete de Chicago (The Trial of the Chicago 7, 2020), dirigida por Aaron Sorkin. Fue una muy buena recomendación de mi marido. Me gustó mucho, sobre todo por la manera en que consigue acercar al público una historia real que yo, hasta entonces, conocía bastante poco.

La película cuenta el juicio de siete hombres acusados de conspiración y otros delitos después de las protestas que tuvieron lugar en Chicago durante la Convención Nacional Demócrata de 1968, en plena guerra de Vietnam. Lo que comienza como una historia sobre una manifestación termina convirtiéndose también en una historia sobre poder, justicia, protesta y libertad de expresión.
Me gustan estas películas que consiguen hacer accesible una parte de la historia sin convertirse necesariamente en una clase de historia. Los siete de Chicago tiene algo muy hollywoodense: personajes reconocibles, tensión, humor y un ritmo que hace que quieras saber qué va a pasar, incluso cuando ya sabes el final.

Mientras veíamos la película, recordé otro documental que vi hace algunos años en ARTE: En nombre del mantenimiento del orden, del periodista y documentalista francés Paul Moreira.
El documental recorre distintos episodios de violencia policial y represión de manifestaciones en países como Francia, Estados Unidos y Chile. Manifestantes. Policías. Gente corriendo. Gases lacrimógenos. Golpes. Personas heridas. Y cámaras registrándolo todo.
Nunca he sido una persona especialmente expresiva con mis ideas políticas, pero he participado en más de alguna manifestación. Hay algo en estar ahí, junto a miles de personas que reclaman por algo que consideran justo, que me hace sentir que quizás se puede cambiar algo.
En 2019, yo ya vivía en Barcelona y me tocó mirar desde fuera lo que estaba pasando en Chile. Las protestas, las asambleas, el proceso que vino después y la posibilidad —que entonces parecía tan real— de que el país finalmente cambiara su Constitución.
No voy a explicar aquí todo lo que ocurrió después porque, además de que necesitaríamos varios posts, en Chile tenemos una capacidad extraordinaria para complicar incluso las cosas que parecían relativamente sencillas.
Lo que sí recuerdo es la sensación de estar lejos.
Y también recuerdo que, en las manifestaciones en las que participé en Chile, la violencia policial no era algo abstracto. Era parte del paisaje. Los gases lacrimógenos, los carros policiales, correr para evitar que te alcanzara el humo, escuchar los gritos. Y después, cuando todo terminaba, volver a casa.
A veces, nos comíamos unas sopaipillas después de la manifestación, si no nos ahogábamos demasiado con las lacrimógenas.
Y creo que ahí apareció la receta de este capítulo.
Las sopaipillas son una de esas comidas chilenas multifacéticas, puedes comerlas pasás, con chancaca en la casa mientras afuera llueve, o con pebre, mostaza, ají, ketchup de once - algo que hacemos los chilenos, tomar once - o en un carrito de la calle ( aunque siempre está el riesgo de enfermarse).
Los 7 de Chicago, las manifestaciones y las sopaipillas con mostaza
Ingredientes — 2 personas, unas 8 sopaipillas

1½ tazas de harina.
½ taza de puré de zapallo.
1½ cucharadas de mantequilla o manteca.
½ cucharadita de sal.
Aceite para freír.
Preparación
Cuece el zapallo hasta que esté muy blando. Escúrrelo bien y hazlo puré. Déjalo enfriar un poco.
Mezcla la harina con la sal y añade el puré de zapallo y la mantequilla derretida.
Une los ingredientes con las manos hasta conseguir una masa suave y homogénea. Si está demasiado seca, añade un poco de agua tibia, de a cucharaditas. Si está demasiado pegajosa, añade un poco más de harina.
Extiende la masa sobre una superficie enharinada hasta que tenga unos 4 o 5 mm de grosor.
Corta círculos de unos 7 u 8 cm de diámetro y pínchalos un par de veces con un tenedor.
Calienta abundante aceite y fríe las sopaipillas hasta que estén doradas por ambos lados.
Escúrrelas sobre papel absorbente.
Agrégales mostaza (o ají, o ketchup o pebre a gusto).
Yo, por mi parte, siempre recordaré esas sopaipillas con sabor a revolución casi tan peligrosas como la posibilidad de encontrarme con una lacrimógena. Si no me llevaban detenida, quizás siempre podía enfermarme de la guata (del estómago).
Los 7 de Chicago, las manifestaciones y las sopaipillas con mostaza.




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